A su muerte, los antiguos egipcios debÃan afrontar un duro proceso ante sus dioses. Durante el mismo, se juzgarÃan los actos que el difunto habÃa realizado en vida. En una balanza, se pesarÃa el corazón de la persona en relación con una pluma.
Este juicio era largo, y durante el mismo uno de los dioses era el encargado de redactar las actas del mismo. Era el dios Thot. El señor de la luna.
Thot era, como habÃamos comentado, el señor de la luna. HabÃa contraÃdo matrimonio con Maat, la diosa de la escritura. Desde ese momento, Thot se convirtió en el protector de los escribas, puesto en parte asignado por su papel como escriba y secretario de los dioses en los juicios a los difuntos. Pero también era el protector de los magos. Esta estrecha relación no era casual, ya que, para los antiguos egipcios, los escribas realizaban un auténtico acto mágico cada vez que escribÃan sobre un papiro.
En diferentes representaciones artÃsticas, en grabados, esculturas o pinturas suelen aparecer los escribas reflejados según unas directrices que solÃan repetirse sin apenas variaciones. Casi siempre se representan sentados, con las piernas cruzadas. Visten un simple faldellÃn. Sobre las piernas, tienen un rollo de papiro sobre el que escribir. En las manos, la caña con la que representaban los diferentes signos que componÃan la escritura del antiguo egipcio.
Estas eran algunas de las principales herramientas empleadas por estos trabajadores. El papiro se obtenÃa de la planta del mismo nombre. Fue abundante en las zonas húmedas en torno al rÃo Nilo. De su tallo se obtenÃan las finas láminas que posteriormente se unirÃan para formas los rollos. También empleaban paletas que contenÃan la tinta que utilizaban para escribir. Las paletas podÃan ser simples, dobles o con más huecos en los que guardar la tinta, que podÃa ser de diferentes colores. Finalmente, la caña. En principio, se empleaban cañas no muy rÃgidas, con la punta debidamente afilada y sin deshilachar. Sólo cuando se entra en contacto con los griegos, y más tarde con los romanos, se empieza a utilizar una caña o pluma más rÃgida, con una punta resistente y fina. De esta manera, los primeros papiros tenÃan caracteres más gruesos que los conservados de épocas posteriores a los primeros contactos con los griegos.
Pero la principal herramienta de los escribas era la propia escritura. Los expertos en la escritura jeroglÃfica han llegado a clasificar hasta cuatro tipos de escritura, en relación con diferentes tipos de soporte, de temas tratados, o épocas. En principio, podemos referirnos a la escritura jeroglÃfica propiamente dicha. Es la más antigua de la empleada en tiempo del antiguo Egipto. Es una escritura de tipo monumental pensada para ser desarrollada sobre piedra. Fue usada especialmente por los faraones con claros fines propagandÃsticos. No en vano, la traducción exacta de jeroglÃfico implica una escritura sagrada. Con el tiempo, se desarrolló una escritura que los griegos denominaron hierática. SerÃa similar a la jeroglÃfica, pero de carácter cursiva. Se empezó a usar más tarde por simples razones de comodidad. Luego, fue un tipo de letra empleada especialmente en textos de carácter mágico, religioso o literario. Más tarde, este alfabeto cursivo fue derivando hasta generar formas auténticamente nuevas. Es la conocida escritura demótica, de uso más común. No en vano, demótico deriva del término griego que ha dado lugar a la palabra democracia. Este serÃa el tipo de escritura que los egipcios emplearÃan en los textos de carácter administrativo y de uso cotidiano. Por último, el copto, que no serÃa más que la adaptación del lenguaje egipcio a los caracteres alfabéticos griegos.
En Egipto se ha conservado gran cantidad de papiros. Se constituyen en una gran fuente de información para el conocimiento histórico de Egipto antes de la llegada de los romanos. En parte, ya que en el paÃs se han dado las condiciones climatológicas perfectas para que se conserven. El uso del papiro obedece a un deseo de la burocracia estatal de centralizar y agilizar todos los trámites derivados del funcionamiento del funcionariado estatal. No en vano, la producción de papiro fue una de las principales industrias del paÃs durante la época de dominación romana.
Según algunos expertos, en torno a los años finales del II milenio a. de C. sólo el uno por ciento de la población egipcia sabÃa leer y escribir. Los escribas constituÃan una clase especial dentro del funcionariado estatal. Se pueden distinguir hasta tres tipos de escribas dependiendo de para quién desarrollasen su trabajo. Por una parte, el estado y el faraón disponÃan de sus propios escribas. Su papel era fundamental para cuestiones de suma importancia como podÃa ser la correspondencia con los diferentes nomos y sus gobernadores, con el ejército, o simplemente para mantener correspondencia diplomática o privada. Los altos cargos de gobierno o los miembros de las clases altas también disponÃan de sus propios escribas. Finalmente, los templos, cuya importancia en la vida económica y social, deberÃa quedar reflejada en los papiros.
Los escribas se formaban en escuelas desarrolladas en palacio o en los templos. Los alumnos, sólo podÃan ser hombres, empezaban a acudir a clase a partir de los 12 años. El método de enseñanza era simple. Para leer, repetÃan constantemente y al pie de la letra los textos leÃdos por los maestros. Para aprender a escribir, constantemente copiaban largos dictados o textos especialmente concebidos para estas clases. Sin embargo, los maestros debÃan ser rigurosos, y no es extraño encontrar textos de la época donde los maestros aseguraban que “la oreja de los alumnos se encuentra en la espalda; mejor escuchan cuanto más fuerte se las golpea”.
Pero la escritura era un elemento mágico a parte de funcional. Los antiguos egipcios creÃan que al escribir una palabra, ésta obtenÃa la vida. Muchos funcionarios hacÃan esculpir su nombre en las estatuas con el objetivo de conseguir la vida eterna. La palabra escrita, por lo tanto, otorgaba la vida al objeto que fuera designado, una vida que en muchos casos era eterna. De esta manera, el escriba no sólo se dedicaba a transcribir lo dictado a un papiro para que quedase reflejado, sino que realizaba un auténtico acto de magia en cada una de las palabras que reflejaba con su caña.

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Realmente la figura del escriba es muy importante en el antiguo Egipto. Sin ellos, no nos hubiera llegado la información que ahora disponemos de esa civilización. Cierto es que al escribir pensaban que esas palabras adquirian vida y si lo pensamos un poquito las palabras de los antiguos escribas se han vuelto inmortales. Miles de años después, tienen su propia vida.