La historiografía clásica ha tendido, irremediablemente, a obviar un parte fundamental del acontecer histórico de una imprescindible parte de la humanidad: La historia de la mujer.
Afortunadamente, los nuevos tiempos han conllevado una revisión de los sistemas históricos, incluyendo en los mismos aquellos elementos sociales que, anteriormente, habían sido pasados por alto. Por ello, en los últimos tiempos han aparecido numerosas publicaciones referentes al papel femenino en el desarrollo de civilizaciones y sociedades pasadas.
La propia historia más evenemencial de Egipto muestra como, incluso, en determinados momentos podríamos hablar del reinado de mujeres. Hoy en día, los egiptólogos discuten cuántas mujeres habrían sido entronizadas como faraones. Pero esta polémica ya aparecería entre los diferentes historiadores helenísticos de la época grecorromana, aportando datos muchas veces contradictorios. El propio Maneton asegura que el faraón de la II Dinastía Binotris habría promulgado un edicto por el cual se posibilitaba la llegada al poder de la mujer.
Posteriores historiadores, como Herodoto o Diodoro de Sicilia, sólo divergen en cuanto al número exacto de mujeres que alcanzaron tal honor, teniendo en cuenta que en la antigua civilización egipcia la monarquía era considerada como exclusivamente masculina. Todavía, los egiptólogos discuten sobre la cifra exacta de “faraones” existentes en Egipto. Los diferentes documentos empleados como fuente histórica ofrecen datos, igualmente, contradictorios. Parece haber cierta unanimidad, sin embargo, en afirmar la existencia probada de tres reinas. Una de ellas, Hatshepsut, es uno de los personajes más enigmáticos y que más atención atrae por parte de historiadores y egiptólogos.
Hatshepsut se encuadraría dentro de la XVIII Dinastía, prolongando su reinado desde el 1490 al 1468 a. de C. Era hija de uno de los faraones más poderosos, enérgicos y con más vistas al exterior de todo el Imperio Nuevo, Tutmosis I. Éste habría regido los destinos del país desde el 1506 al 1494 a. de C. Durante su reinado, puso las bases de la política expansionista del nuevo imperio egipcio. De tal manera que sus ejércitos, ya profesionales, ocuparon las tierras de Siria. A su muerte se suceden unos años especialmente desconocidos para los historiadores. Durante cuatro años, el poder lo ostenta su hijo Tutmosis II. Es en este momento, y sobre todo tras su muerte, cuando entra de lleno en la historia egipcia la misteriosa personalidad de Hatshepsut, su hermanastra y esposa.
Fallecido Tutmosis II, su hijo, concebido de una concubina, fue entronizado con el mismo nombre. Debido a su minoría de edad, se hizo indispensable una regencia que tomase el control efectivo del país. Según cuenta la historia, esta regencia fue encomendada a Hatshepsut debido a su preponderancia por cuestiones de linaje (Hija directa de Tutmosis I, hermana y esposa de Tutmosis II). Si bien es cierto, ciertas modernas teorías parecen apuntar a la fuerte presión ejercida por el clero tebano, omnipresente en la política egipcia, para que fuese ella la regente. Tan sólo en un año, en el 1489 a. de C. Hatshepsut asumió plenamente el trono apartando al menor Tutmosis III. El especial apoyo con el que contó, el de los sacerdotes tebanos, parece quedar demostrado en las justificaciones de su nueva posición esgrimidas por la propia reina: Realizaron una intensa campaña de propaganda para legitimar su ascensión al trono, llegando a afirmar que habían sido los oráculos de Amon quienes habían indicado la necesaria coronación de Hatshepsut.
Lo cierto es que durante 21 años Hatshepsut dirigió el país de El Nilo. Su padre había iniciado el expansionismo de Egipto hacia Siria, ocupando importante tierras. Sin embargo, la faraona no puso tanto interés en el Levante mediterráneo, de tal manera que las tropas egipcias durante su reinado tuvieron que replegarse. Sin embargo, si parece que tuvo cierto deseo de estrechar contactos con África. De esta manera, toda su política exterior se dirigió hacia el sur. Es famosa la expedición que mandaría al denominado País del Punt, de donde obtenían especies e incienso, país situado posiblemente en el actual Yemen.
En el gobierno, Hatshepsut dispuso de los sabios consejos de un gran número de ministros. Algunos historiadores afirman que el verdadero gobierno estaría en manos de Senmut, que aparece en la documentación como “Gran Mayordomo” o “Mayordomo de los bienes de Amon”. Lo cierto es que sus directrices puede que estuviesen dirigidas por grupos de presión que deseaban que Egipto olvidase su política expansionista, lo que podría explicar el abandono de las posiciones sirias.
Su reinado estuvo constantemente amenazado por las intrigas de Tutmosis III, a quien había apartado del poder. No son pocos los investigadores que afirman que la reina se vio envuelta en las típicas intrigas y luchas por cotas de poder entre distintas facciones, tan normales durante el llamado Imperio Nuevo. Hatshepsut fue duramente perseguida incluso en su vida en el más allá, tan fundamental en la mentalidad egipcia del momento. Todas las inscripciones de su nombre fueron borradas de monumentos y estatuas por orden del nuevo faraón, para olvidar su recuerdo y así acabar con su inmortalidad.
A pesar del poder que llegó a acumular, el carácter masculino de la monarquía no podía olvidarse. Esta es la razón por la que aparece representada en numerosas ocasiones con la barba regia, o el uso indistinto en su documentación de los géneros masculino o femenino para referirse a sí misma. En definitiva, uno de los episodios más apasionantes de la historia del Egipto faraónica que todavía hoy puede arrojar muchas sorpresas.

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Opino que Hatshepsut se convirtió en la reina más grande que tuvo Egipto. Ninguna de las otras reinas puedo compararse a la importancia del reinado de Hatshepsut.
Sin lugar a dudas Hatshepsut fue una reina muy importante.
A mi me gustaría también citar a la primera mujer que ejerció poder ejecutivo en Egipto: Merneit, en principio una esposa de Dyed y regente durante la minoría de edad de Den, en la dinastía I.
La momia de Hatshepsut, el mayor descubrimiento desde la tumba de Tutankamón ha salido a la luz.
Cuando me entere de la noticia no me lo podía creer, el Consejo Supremo de Antigüedades identifico la momia gracias a una muela, pero resulta que la momia de Hatshepsut ya había sido descubierta en 1903 por Howard Carter, pero no le dio importancia ya que la encontró en un agujero de 40 metros cuadrados. Durante años la momia permaneció en el suelo, en la misma cueva donde se encontró, el único indicio de que podía ser una momia real era la que sostenía la arqueóloga Elisabeth Taylor, en su tesis explicaba que la momia al tener el brazo derecho descansando sobre el pecho era un signo de la realeza de la época de los faraones, pero como su hermanastro Tutmosis III quería borrar todo rastro de Hatshepsut, no hubo otra alternativa que enterrarla sin ningún tipo de honor en la clandestinidad y con la sola compañía de Sitra In que fue nodriza de Hatshepsut y es a quien se atribuyen los restos de la momia hallada dentro de un sarcófago en el mismo agujero que la faraona… una historia de película.
Es un gran noticia que la momia de Hatshepsut haya sido identificada.
Si pero Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades en Egipto no estaba muy convencido de la tesis de la arqueóloga Elisabeth Taylor sobre la identidad de la momia que pertenecía a Hatshepsut.
Aclarare que el lugar donde fueron descubiertas las dos momias era la tumba KV60 del Valle de los Reyes, esta tumba fue construida por Hatshepsut para destinarla a su nodriza Sitra.