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Kefrén: Y los misterios de su intrigante reinado

La Historia del Antiguo Egipto que hemos recuperado a través de la ardua labor de numerosos investigadores nos lleva a una tierra de grandes y poderosos reyes que, con su insigne pueblo y a partir de la agotadora labor de mártires, llegarían a crear las más impresionantes obras arquitectónicas.

La sombra de esta región y de sus faraones se proyectaría aún más allá de la desembocadura del Nilo, a través del Mediterráneo y llegando incluso a hacerse eco de dichas proezas regiones muy lejanas como así nos relatan los mismísimos historiadores griegos.
Esta vasta extensión elegida por los propios dioses ha dado, como si de una cosecha se tratase, insignes faraones como es el caso de los integrados en la IV dinastía, figuras reales de la talla de Keops, Kefrén y Micerinos.

Tras la muerte del faraón Keops, en el año 2566 a.C., el trono de Egipto debía caer en manos de su hijo mayor y único heredero, Dudufra; el hecho de que éste no viviese para sucederle provocó que la familia se dividiese en tres ramas y que de la tercera de ellas se alzase Kefrén (Khare en egipcio) con el derecho a sucesión.
Este impar monarca, también conocido como Jafra o Khafra, fue unos de los faraones más enigmáticos de la Historia de Egipto debido a la escasez de información sobre su vida aunque no tanto de su obra.
Con certeza nos atrevemos a afirmar que el faraón cambió la corte a la ciudad de Gizeh, renaciendo esta ciudad como eje político, económico y cultural en Egipto.

Por otra parte, siendo hijo de Keops no nos resulta en absoluto extraño connotar que siguiese la estela dejada por su antecesor y que encontremos durante su reinado fieles ejemplos de gran ostentación y abusivo poderío como el que hizo su padre. Un interesante ejemplo que argumenta lo anteriormente afirmado podemos encontrarlo en la construcción de la pirámide de Kefrén, otro gran legado arquitectónico y la segunda pirámide más grande después de la de su padre. Ésta, aunque de menores dimensiones, a simple vista daba la sensación de ser más grande ya que se construyó sobre un suelo más elevado. Se cree que tuvo que estar recubierta con losas de granito rojo pulimentado, por lo que al ser expuestos al sol, brillarían con un efecto deslumbrante consiguiendo el efecto de magnificencia deseado.

La importancia de la monarquía y del monarca que entendió el faraón Kefrén y que quiso reflejar a su propia civilización y las venideras la podemos encontrar, también, en el trascendental papel que atribuyó a su figura en su concepción mitológica, aunque con distinta significación. La mera construcción de una representación del monarca con cuerpo de león a partir de una esfinge de dimensiones colosales no era más que una muestra más del poder que ese monarca podía haber llegado a acumular durante sus años de gobierno. La figura del león, como símbolo de magnificencia y poder, parecía ser la mejor representación de la monarquía egipcia.

En la actualidad se ha generalizado ciertas dudas sobre el origen de la esfinge de Gizeh al no existir ningún tipo de inscripción acerca de su creador, pero han sido los propios arqueólogos los que han atribuido al faraón Kefrén dicha construcción debido al hecho de que quienes se encargaron de desenterrar la pirámide a lo largo de los siglos encontraron su proximidad a la Pirámide de Kefrén y la asociaron a la figura del mismo faraón, impulsando la atrevida idea de que incluso el rostro esculpido en la Esfinge es la del propio Kefrén.

La grandiosidad de Kefrén y de su reinado culminaba con un recorrido turístico al que invitamos al lector a imaginar; en el horizonte se alzaba titilante el esplendor de la tumba que Kefrén mandaría construir entre los modestos sepulcros instalados en los alrededores donde sabemos que muchos de sus familiares fueron allí enterrados. El impresionante acceso a la misma se realizaba a través de una gran avenida que marcaba el recorrido a partir de bellos monolitos y estatuas del propio faraón esculpidas en diorita que guiaban al visitante hasta llegar al complejo religioso asociado a ella.
Junto a estas maravillas de la Humanidad, de Kefrén también se conserva una espléndida estatua de diorita que puede verse en el Museo del Cairo.
Una de las “joyas” más estudiadas, debido al atractivo que de su relato se desprende, reside en el interior de la pirámide: el misterio de la tumba de cristal.
Aunque no podemos autentificar la certeza de esta historia sobre la cámara funeraria del faraón Keops, si que sabemos que dicho acontecimiento fue motivo de enfrentamiento entre arqueólogos. Y es que el hallazgo de los restos de uno de los faraones más enigmáticos de la Historia de Egipto y de sus tesoros no sólo significaría una increíble aportación sino una verdadera incógnita objeto de toda clase de curiosos.

A comienzos del siglo XX, tras la localización de la entrada a la pirámide de Kefrén, una centena de hombres durante dos meses intensos se encargaron de facilitar el acceso a una expedición ávida de conocer más detalles sobre el monarca y sobre su reinado; liderada por el arqueólogo francés Caparat, accederían a las laberínticas entrañas de la tumba descubriendo su gran secreto guardado por los siglos de los siglos. Una gigantesca tumba de cristal macizo se erguía en su interior y guardaba un cadáver que no parecía humano. Una vez cerrada la excavación a toda clase de público, se empleó un intenso estudio en la decodificación de multitud de jeroglíficos hallados en su interior. Caparat aseguraría haber encontrado el testimonio del faraón sobre la firma de un tratado con un alienígena proveniente de un sistema estelar lejano. Al parecer dicho ser le ofrecía protección durante su vida a cambio de refugio en esa prolifera región. El intercambio de conocimientos por parte de ambas “criaturas” y el hallazgo del más allá embriagaron la mente del faraón y pareció acceder gustoso al cumplimiento del pacto.
Se dice también que el alienígena vivió en paz el resto de su longeva vida y que la tumba se construyó a partir de un diseño que dibujó antes de morir.
Finalmente y a pesar de intensos estudios, el reinado de dicho faraón sigue siendo un verdadero misterio rodeado de una no menos increíble inverosimilitud.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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1 comentario en Kefrén: Y los misterios de su intrigante reinado

  1. Los misterios que rodean a la figura de Kefrén, siempre me han resultado super inquientantes. Enhorabuena a PortalMundos.com por hacernos disfrutar de tantas cosas buenas.

    Saludos

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