La batalla de Kadesh, librada por el ejército egipcio al mando del faraón Ramsés II, contra la coalición encabezada por los hititas, que estaba mandada por el rey Muwattali, constituyó uno de los eventos trascendentales del mundo antiguo. Ha sido comentada en diferentes formas por los historiadores modernos.
ANTECEDENTES
Al advenimiento de la dinastÃa XIX en Egipto, el equilibrio en el Cercano y Medio Oriente era muy frágil. El reino hitita habÃa acrecentado su poder y constituÃa un grave peligro para Egipto.
La obra de Tutmés III se habÃa perdido, los territorios colocados bajo la soberanÃa egipcia habÃan pasado al vasallaje hitita o se encontraban en franca revuelta.
Ramsés I, fundador de la dinastÃa tuvo un breve reinado (1295-1294 a.C.). Su hijo y sucesor Sethi I (1294-1279 a.C.) se esforzó por restablecer el control egipcio en los territorios asiáticos. Sometió Canaan, llegó a Siria en donde ocupó el paÃs de Amurrú y la ciudad de Kadesh, llave de la Siria del norte. Logró contener el avance hitita, pero a su regreso, Kadesh volvió a ser ocupado por los hititas.
Ramsés II, hijo y sucesor de Sethi I, tuvo un largo y brillante reinado. Gobernó 67 años, de 1279 a 1213 a.C., aquà se sigue la cronologÃa de Kitchen y Desroches Noblecourt que coinciden al respecto.
Lalouette indica que Ramsés II subió al trono a los 25 años de edad tras una corregencia que lo preparó para el cumplimiento de sus deberes. Comprendió que el enfrentamiento con los hititas era inevitable, ya que estaba en juego el control de los territorios por los cuales pasaban las rutas comerciales, de ello dependÃan la riqueza y la seguridad de Egipto.
LA MARCHA DEL EJERCITO
Muwattali, el rey hitita organizó una gran coalición contra Egipto. Participaban más de 16 estados y provincias entre vasallos y aliados. Se calcula que el rey hitita contaba con dos grandes cuerpos de infanterÃa con un total de unos 36.000 hombres. Los carros de guerra formaban una enorme masa de 2.500 vehÃculos. Algunos autores estiman que era menor el número de los infantes.
Contra esa coalición marchó Ramsés Ii al frente de su ejército en el quinto año de su reinado. ConducÃa 4 divisiones colocadas bajo el patrocinio de los grandes dioses de Egipto: Amón, Ra, Ptah y Sutekh (Seth). Cada uno contaba con 5.000 combatientes. También estaban presentes los carros de guerra y la guardia personal.
Siguiendo la costa atravesó Cannan y Fenicia, de ahà siguió hacia el valle del rÃo Orontes, antes de ello se estableció comunicación con los “Nearin”, cuerpo de élite formado por soldados asiáticos al servicio de Egipto, que desde hacÃa unos meses estaba estacionado en las costas de Amurrú (Siria), se les ordenó marchar hacia el interior para coincidir con el ejército frente a Kadesh.
EL ENGAÑO
Al llegar a cierta distancia de Kadesh, la vanguardia capturó a dos beduinos de la tribu de los Ahasu. Informaron que el rey hitita y su ejército se encontraban en Alepo, a unos 200 kilómetros al norte, y que el soberano hitita se mostraba temeroso ante el avance egipcio.
En realidad, el ejército hitita estaba emboscado al este de Kadesh, esperando el momento oportuno para sorprender a los egipcios.
Sin desconfiar, Ramsés II se apresuró a cruzar el rÃo Orontes por el vado de Shaltuna, una vez situado en el margen oeste, avansó al frente de la división de Amón, en tanto que las de Ra, Ptah y Sutekh estaban retrasadas.
El faraón instaló su campamento al oeste de Kadesh, esperando el resto del ejército para atacar la ciudadela enemiga. Esta se levantaba sobre un promontorio situado al sur de la confluencia del rÃo Orontes y de uno de sus afluentes. Una serie de canales excavados al sur de la ciudad comunicaban a ambas corrientes de agua y convertÃan de hecho a la posición en una isla. Los hititas estaban ocultos hacia el este de la posición.
EL DESASTRE
La captura de dos soldados hititas permitió al faraón conocer la verdad. Muwattali podrÃa atacar en cualquier momento al ejército egipcio que se encontraba disperso.
Ramsés II reaccionó de inmediato y ordenó a su visir ir en busca de la división Ptah, ya que la Ra se aproximaba al campamento. Los acontecimientos se precipitaron, Muwattali ordenó que los carros hititas cruzaran el rÃo Orontes y atacasen de flanco a la división Ra. Esta marchaba sin darse cuenta del peligro. El súbito ataque la sorprendió y arrolló; las filas quedaron rotas y la división se desmoronó, los soldados retrocedieron en desbandada en medio de una gran confusión.
Intentaron alcanzar la salvación en el campo egipcio, ahà se precipitaron, perseguidos de cerca por los carros hititas. Ante la irrupción, la división Amón también fue presa del pánico y del desorden. Los hititas atacaron las defensas del costado oeste del campamento, la lÃnea fortificada se hundió y una masa de carros enemigos se precipitó en el campamento.
LA VICTORIA
Todo parecÃa perdido, sin embargo Ramsés II no perdió la cabeza. Trató de reunir a sus soldados pero fue en vano, el pánico y el desorden reinaban por doquier.
Por fortuna los hititas, se dedicaron al saqueo y eso proporcionó un breve respiro al faraón. Loa aprovechó para prepararse al combate, revistió sus atavÃos de guerra, montó en su carro, aseguró las riendas de los caballos en su cintura y se lanzó contra sus enemigos.
Su figura se agigantó más allá de las proporciones humanas. Cargó como una tromba, golpeando a derecha e izquierda, hundiendo las filas enemigas y derribando carros y caballos.
Se ha dicho que hay una gran exageración en los relatos egipcios, que no pudo haber enfrentado solo a 2.500 carros enemigos y que el episodio es inaceptable.
Al respecto, debe recordarse que era un joven valeroso (tendrÃa unos 30 años), excelente guerrero, seguro de si mismo y confiado en la protección de Amón, a quien habÃa invocado.
Por otra parte, el faraón no se enfrentaba a la totalidad de los carros enemigos, muchos de ellos seguÃan saqueando y el espacio no permitÃa que se desplegasen y maniobrasen debidamente. Fue en un pequeño sector que se realizó la hazaña del faraón, quien provocó un caos local.
Por seis veces renovó Ramsés II sus furiosos ataques, no dejaba de disparar flechas, sin embargo a pesar de tanto heroÃsmo, hubiera terminado por sucumbir, inexorablemente sumergido por sus atacantes.
La salvación llegó oportunamente, desde el este. En el momento culminante apareció el cuerpo de los “Nearin” esos soldados de élite que se presentaban puntualmente al sitio de reunión que el faraón les habÃa fijado.
Formados en cerrado orden de batalla, escudo con escudo atacaron de inmediato a los hititas. Ramsés II fue liberado del férreo anillo que lo rodeaba, que se dispersó ante la sorpresa. Ante la crÃtica situación, los hititas se retiraron hacia el sur para reorganizarse.
Ramsés II logró reagrupar a sus carros y apoyado por los “NearÃn” se lanzó contra los hititas. El choque de los cuerpos de carros enemigos fue fragoroso, pero ahora el signo de la victoria habÃa cambiado de campo y favorecÃa a los egipcios. Los hititas no pudieron resistir el asalto y en medio de un gran caos retrocedieron hacia el rÃo.
Una segunda oleada de carros hititas intentó restablecer la situación, pero también fue arrastrada por la derrota. El ejército hitita fue arrojado al rÃo Orontes y buscó salvarse cruzando a nado la corriente
Los textos egipcios relatan que los soldados hititas se arrojaban al rÃo como cocodrilos. Muchos se ahogaron. Muwattali presenció la debacle desde el otro lado del rÃo, no se atrevió a hacer intervenir a su infanterÃa.
Ramsés II quedó dueño del campo de batalla. Al final de las acciones arribó la división de Ptah, intervino en los últimos enfrentamientos y en la captura de prisioneros y botÃn.
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