EL REGRESO
De acuerdo con el poema de Pentaur, al dÃa siguiente hubo un breve pero furioso encuentro que no tuvo ningún resultado.
Los egipcios sólo disponÃan de dos divisiones intactas para el combate, a su vez los hititas habÃan visto desaparecer a la mayorÃa de sus carros y sufrido bajas considerables entre las que se contaba el hermano del rey y numerosos oficiales de alto rango.
SeguÃan contando con una infanterÃa más numerosa de la egipcia, pero menos disciplinada.
Autores como Jacq y Kitchen siguen al poema de Pentaur y dan por efectuado ese segundo combate. Otros como Moret, Pirenne y Lalouette no lo mencionan. En tanto que Desroches Noblecourt cree que no tuvo lugar y que se limitó a la presencia de los dos ejércitos.
En estas circunstancias, Muwattali ofreció la paz al faraón. Este comprendió la dificultad de proseguir la campaña, aceptó la suspensión de hostilidades, aunque no un tratado de paz y ordenó el regreso a Egipto.
LA CELEBRACION
Ramsés II hizo un triunfal regreso a Egipto. El paÃs lo recibió con entusiasmo. El faraón ordenó inmortalizar el triunfo en una serie de escenas e inscripciones. Se escribió un poema que es conocido con el nombre del escriba que lo transcribió, es el poema de Pentaur.
Diversos autores han criticado que se presentase como una gran victoria una batalla cuyo resultado habÃa sido un empate. Se ha hablado de propaganda, deformación de los hechos, vanidad del faraón, etcétera.
En realidad, Ramsés II tuvo pleno derecho de celebrar una gran victoria que habÃa transformado un desastre en triunfo y que se debÃa a su valentÃa e intervención personal. Kitchen observa que sin la actuación del faraón la situación de Egipto hubiese sido crÃtica, el ejército destrozado y el faraón muerto o hecho prisionero.
Ramsés II hizo posible que la debacle se convirtiera en resonante triunfo. Hizo honor a su nombre de coronación: User-Ma’at-Ra Setep-En-Ra, que significa: poderosa es la justicia de Ra, el elegido de Ra. Demostró ser el rey que aseguraba la protección de Egipto, la muralla que defendÃa al paÃs y al ejército, la estrella que perseguÃa a sus enemigos, ser quien ataba a los paÃses extranjeros. Justificó estos y otros tÃtulos. Era justo celebrarlo.
El texto que acompaña a las escenas en bajorrelieve es breve, casi seco, Desroches Noblecourt lo llama el boletÃn militar. En cambio el poema de Pentaur es de un gran lirismo, se suprimen ciertos detalles y se magnifican, otros es la visión de una epopeya digna de parangonarse con los relatos de Homero. Debe recordarse que las palabras y las imágenes tenÃan gran importancia en Egipto. Lalouette y Desroches Noblecourt precisan que al representar la batalla en los templos egipcios se eternizaba la victoria mediante la magia del verbo y la imagen; al hacerse perenne el milagroso combate se aseguraba un devenir inmortal para las victorias del faraón y se tendÃa en Egipto una red mágica que reforzarÃa el esfuerzo de los ejércitos. La victoria se renovarÃa cada dÃa; asà el heroÃsmo de Kadesh alentarÃa y protegerÃa a Egipto.
CONSECUENCIAS DE LA BATALLA
Es cierto que el resultado final se tradujo en un empate que incluso favoreció al rey hitita, ya que Kadesh no fue tomado y Muwattali aprovechó la retirada egipcia para ocupar el paÃs de Amurrú y la provincia de Upi (Damasco).
Sin embargo, en los años que siguieron los hititas no se atrevieron a enfrentar su ejército a los egipcios, mantuvieron una polÃtica de provocar conflictos y sublevaciones en los estados bajo el control egipcio. Ramsés II llevó a cabo varias campañas para asegurar Canaan y Fenicia. Llegó a recuperar Upi y tomar varias ciudades hititas.
Pasados algunos años, el cambio de circunstancias y el peligro asirio, hicieron que el rey hitita Hattusil III buscara el apoyo de Egipto y firmara con Ramsés II un tratado de paz.
EL LEGADO DE LA BATALLA DE KADESH
El resultado de la decisión de Ramsés II de perpetuar su victoria fue la creación de una espléndida serie de escenas en bajorrelieve en los principales templos de Egipto: Karnak, Luxor, Ramesseum y Abu Simbel.
Kitchen y Desroches Noblecourt coinciden al expresar que esas épicas composiciones no son el producto de especulaciones fantasiosas sino que provienen de la información proporcionada por testigos presénciales de la batalla.
Hay gran vitalidad y veracidad en el tratamiento de los sucesos. Se presentan los momentos crÃticos y también aspectos anecdóticos. El espectador puede llegar a participar de la emoción que se desprende de los relieves.
Aparece el campamento real con multitud de detalles y la irrupción de los carros hititas. Detalle excepcional es el de un jinete egipcio que parte a galope en busca de refuerzos, ya que los egipcios no utilizaron los caballos como animal para montar.
Es impresionante y majestuosa la escena que muestra a Ramsés II en su carro de guerra enfrentando a los enemigos. También puede verse la llegada de los “NearÃn”, el enfrentamiento de los dos grupos de carros de guerra y el desastre hitita en el rÃo Orontes, asà como otros muchos sucesos.
Puede decirse que muchos acontecimientos han caÃdo en el olvido, pero la gesta heroica de Ramsés II, el Grande, sobrevive gracias a los bajorrelieves que la representan en los templos y que constituyen una obra maestra del arte egipcio.
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