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La dinastía más larga de la Historia de Egipto

La Dinastía XVIII es la saga más larga de la Historia de Egipto Antiguo y su localización cronológica la situamos en el Imperio Nuevo, entre las fechas 1550 a.C.-1292 d.C. (otros hablan de 1500 a. C-1372 d. C).

Dicha estirpe fue la encargada de escribir los capítulos más florecientes y más grandiosos de la Historia de Egipto ya que con el gobierno de sus faraones se alcanzó una expansión territorial inigualable al tiempo que se producía, lo que se ha venido denominando como, el máximo esplendor de la civilización faraónica.  Cabe la posibilidad de que la cronología correcta sea la que rebaja unos 25 años la tradicional aquí recogida, pues ésta se basa en una observación sotíaca desde Menfis, cuando lo correcto habría de ser la observación del fenómeno astral desde Tebas.

Aproximadamente quince faraones componen este periodo de esplendor y la suerte es que casi todos están, a día de hoy, bastante bien documentados aunque los conozcamos por el nombre helénico que recibieron por los historiadores.
En general, el periodo mencionado comprende una serie de etapas en las que se advierte, en primera instancia, la ausencia de alteraciones en la sucesión dinástica debido a la solidez del poder centralizado; y, en segundo lugar, una especie de fragmentación geográfica que afectó a la dinastía pero no hasta el punto de producirse una interrupción en el gobierno; este periodo al que nos referimos es lo que se ha venido denominando como Primer y Segundo Período Intermedio.
Posteriormente se produce una reunificación basada en la eliminación de la dinastía hicsa en Avaris y la reincorporación de Nubia. Las aristocracias territoriales no juegan ya un papel relevante pero la capital sigue estando en Tebas ya que, según dilucidan los textos, desde allí se hacía mucho más fácil el control de las campañas nubias a pesar de que la política exterior se centrase primordialmente en Asia ya que la región de Nubia estaba absolutamente controlada.

El faraón fundador de la dinastía más longeva y más poderosa de la Historia de Egipto Antiguo fue Ahmosis I (1550-1525 a. C.), hijo del rey Seqenenra perteneciente a la dinastía anterior. De este faraón se decía que era el libertador de Egipto ya que anterior a su reinado, predominaba la conquista hicsa. Su reinado de 25 años no sólo aportó esa libertad a la que nos referimos sino que, además, la protección y el fortalecimiento del ejército y de las fronteras ante los pueblos hostigantes.
Su hijo Amenofis I seguiría la estela de su padre y durante su gobierno destacaría una política muy similar basada en campañas sobre Nubia que acompañaría con una no menos válida recaudación tributaria que se reproduce anualmente con una expedición organizada a tal efecto.

La actividad arquitectónica continúa la tarea de embellecimiento monumental de la capital del estado; Amenofis I pasaría a la Historia como el fundador del poblado de los constructores de tumbas Deir el-Medina. Se sabe que este faraón fue el autor de una reorganización administrativa que tenía como objetivo la consolidación de un aparato burocrático eficaz, frente al sistema de aristocracias locales, y un ejército potente vinculado directamente a la persona del faraón.
El tercer faraón, Tutmosis I, no tenía un pasado muy real o por lo menos así lo demostró cuando se tuvo que casar con una princesa real para poder legitimar su ascenso al trono.
Sus 15 años de reinado le dio para mucho, se habla de un gobierno plagado de éxitos bélicos ya que estamos ante un brillante militar y de un país, Egipto, consolidado como una superpotencia a nivel mundial. Con él se consolida la monarquía militar, es decir, la que sustenta una buena parte de sus ingresos en la actividad bélica, con las consiguientes repercusiones en el sistema organizativo del estado. Su legado arquitectónico fue le Valle de los Reyes y el abandono de la estructura piramidal.

Su hijo Tutmosis II no sería ni la sombra de su antecesor ya que su gobierno se caracteriza por una inactividad plena por parte del faraón. Su muerte sin descendencia legítima genera uno de los problemas sucesorios más llamativos de la historia egipcia. Fue su esposa Hatshepsut la encargada de continuar con la estela de éxitos y de grandiosidad que había plantado sus antecesores. También ella cometió errores ya que en su reinado el clero a Amón adoptaría un poder exacerbado. Entre sus múltiples cualidades destacamos su gran afición y el gran éxito a las construcciones.
A la muerte de esta longeva reina, ya que su gobierno duró más de 20 años, uno de los hijos de Tutmosis II (Tutmosis III) y una de sus concubinas asumiría la corona. Su rencor hacia su predecesora en el trono le haría volcar todas sus actuaciones en borrar cualquier recuerdo de la misma e, incluso, usurpando sus monumentos. Por otra parte, su política fue excelente y su hambre de conquista le ha merecido el apelativo del Napoleón egipcio; Asia, África… fueron escenarios de las campañas más sangrientas de la Historia de Egipto.

Egipto se muestra ante el resto de los pueblos como un poderoso imperio cuya estela de lauros preceden a las más fieras campañas registradas en una especie de “Anales”, que demuestran el surgimiento de una mentalidad histórica en la corte faraónica.

Existen periodos y reinados caracterizados por la evolución de las campañas y por el avance, al mismo tiempo, de sus fronteras; el poderío egipcio marcó un hito en el ritmo de la Historia y son muchos los historiadores (principalmente los egipcios) quienes no dudaban de dejar constancia de la más mínima anécdota acerca de dicho pueblo. Peor también se ha documentados reinados más flojos en donde la política se enfocó hacia el mantenimiento del país. Este es el caso del hijo de Tutmosis III, Amenofis II; y el hijo de este último, Tutmosis IV, quienes decidieron que no habría más conquistas egipcias, que los todopoderosos sacerdotes pertenecientes al clero de Amón no debían tener tanto poder (se establecía la posibilidad, como alternativa, el culto solar) y que era hora de recoger lo sembrado.
Egipto está viviendo el mejor momento, gracias a las conquistas de sus faraones lucía poderosa y en su política interior apenas destacaba la lucha por un mayor protagonismo del clero a Amón, la intensa actividad constructora y las nuevas tentaciones religiosas ofrecidas por un nuevo culto, el de Atón. En este atractivo escenario se desarrolló de Amenofis III (1388-1351).

Si seguimos el relato histórico atendiendo a la cronología debemos hacer mención a uno de los reinados únicos en la Historia, el de Akenatón o Amenhotep IV. Principalmente destaca por implantar por vez primera un culto monoteísta (el de Atón) y suprimir el resto de los credos con todas sus consecuencias. La capital se mueve desde Tebas hasta Ajenatón, una ciudad fundada por el propio faraón fruto de sus creencias y excentricidades. Su política exterior sigue tan impulsiva como la interior pero sin éxitos tan palpables ya que las continuas amenazas exteriores no hicieron más que mermar, en sus 17 años de reinado, el basto y extenso imperio egipcio con pérdidas tan relevantes como las posesiones sirias a manos de los hititas. Su gobierno está marcado por las corregencias, la bella Nefertiti, esposa de dicho faraón, fue ascendida al rango corregente de Akenatón; no era la primera ni la última reina que gobernaría Egipto. Otro corregente sería Semenejkara, éste abarcaría los últimos años de reinado del faraón pudiendo disfrutar de unos pocos años de reinado en solitario.
No podemos aportar mucha información acerca del mismo, apenas se encuentra información acerca del mismo, se le denomina faraón fantasma y las teorías acerca de la veracidad de su existencia se multiplican. ¿Estamos ante la misma Nefertiti que cambió su nombre para continuar con su reinado y no ceder su influencia a cualquier otro varón sucesor del faraón? Lo que sí sabemos es que con este controvertido personaje se daría por finalizado el sueño de Akenatón.
Con la figura del faraón Tutankamon se ha elaborado un sin fin de estudios debido al mito y a las historias que se han derivado del corto reinado del niño faraón. Aunque nos encontramos ante uno de los faraones más desconocidos, se cree que fue hijo de Akenatón y de una esposa secundaria de nombre Kiya. Su gobierno no fue propio sino que más bien fue marioneta de aquellos grandes personajes de la corte pero ello no le impidió encabezar una serie de procedimientos políticos que otorgarían a Egipto la oportunidad de continuar con su fama inquebrantable. Su política interior se centró en restaurar la capital en la ciudad de Tebas; en el plano religioso, Amón volvió a ser la cabeza del panteón; se restauraron todos los monumentos… En política exterior destaca la empresa por recuperar todas las extensiones perdidas durante la época herética de Akenatón. Su temprana y misteriosa muerte supuso la extinción del linaje real descendiente de Ahmose.

El trono de Egipto quedaba vacante ante esta prematura muerte por lo que el visir Ay, hermano de la reina Tiv (la esposa principal de Amenhotep III); asumiría el gobierno. Su avanzada edad le hizo disfrutar de este privilegio apenas 4 años. Se dice de este personaje que era el verdadero padre de Nefertiti pero sobre dicha afirmación existen corrientes contradictorias.

Horemheb fue su sucesor, éste estaba casado con la hija del anterior visir; dicho matrimonio le proporcionaba la oportunidad de legitimar su ascenso al trono. 27 años fueron los necesarios para consolidarse como sucesor de Amenhotep III desprestigiando y casi haciendo desaparecer los nombres de sus antecesores en el trono egipcio, tales como Ajenatón, Smenkara, Tutanjamón y Ay. También en este tiempo se desarrolló una activa política exterior centrada en grandes campañas que resultaron con éxito y que recuperaron, entre otras posesiones, el sur de Palestina; sí que es cierto que a pesar de los enormes esfuerzos, no se volvería hablar del éxito militar e imperial vivido en tiempos de Tutmosis I y II.

El último personaje incluido en esta dinastía de gobernadores y administradores del imperio egipcio es un anciano de nombre Paramesu, visir durante el reinado de Horemheb, también conocido como Ramsés I y fundador de la dinastía XIX.








...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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