Desde los comienzos de la ciencia egiptológica hasta una actualidad donde numerosos investigadores participan en labores de campo en Egipto, se han desarrollado dos tendencias en la investigación claramente diferenciadas.
Por una parte, una intensa labor teórica con numerosos egiptólogos “de gabinete” que han realizado sus trabajos ininterrumpidamente desde el siglo XIX.
Por otra parte, aunque con una producción menos fecunda, la egiptologÃa de campo, que sólo empezará a florecer a partir de los años 60 del siglo XX. Aun asÃ, ya en el siglo XVIII se publican algunas obras sobre Egipto en España. Se trata en la absoluta mayorÃa de casos de libros de viajes de exploradores y diplomáticos. Muy en la lÃnea de la moda de los libros de viajes del momento, se publican algunos ejemplares escritos por viajeros que tuvieron la oportunidad de visitar el paÃs de los faraones, aunque sin hacer especial hincapié en el aspecto puramente arqueológico, aunque sà se llegan a establecer referencias claramente históricas. Ni siquiera, a principios del XIX, cuando Denon publicó su “El viaje al Bajo y al Alto Egipto” en 1802, en España se produjo una repercusión de especial importancia.
Antes que el desarrollo de trabajos de campo en Egipto, en España algunos intelectuales desarrollaron diversos estudios y escritos sobre aspectos meramente teóricos del mundo antiguo en Egipto.
El gran precursor de este tipo de egiptologÃa serÃa José Ramón Mélida y Alinari. Fruto de su interés por la Historia, surgió su pasión por el antiguo Egipto de los faraones, que en la España de mediados del siglo XIX empezaba a conocerse de forma más profunda. Fruto de este interés fue la publicación en el año 1864 de la obra titulada “Religión egipcia”. Pero su pasión por el Egipto de las pirámides, de las grandes tumbas reales y de los magnÃficos templos llegó aún más allá. De esta manera, llegó a publicar posteriormente, junto con Isidoro López una novela de corte histórico bajo el tÃtulo de “El sortilegio de Karnak”. También fue el encargado de escribir en 1897 un primer manual sobre el arte egipcio de la antigüedad, conocido como “Historia del Arte egipcio”. Gracias a este manual, durante el curso correspondiente a los años 1898 y 1899 dictó un curso sobre arte en el Ateneo de Madrid. Su labor, ya no sólo egiptológica sino también arqueológica, como director del Museo Arqueológico Nacional, hizo que participase como representante de la delegación española en el II Congreso Internacional de ArqueologÃa, celebrado en El Cairo en el año 1909.
Este interés teórico por el mundo egipcio de los faraones continuó durante toda la segunda mitad del siglo XIX. Fueron años especialmente fecundos en cuanto a producción literaria los comprendidos entre la última década del siglo y los comienzos del siglo XX. Podemos destacar como una obra de gran interés el libro “Biblia y egiptologÃa” de Félix Rougier, publicada en Barcelona en el año 1893. Ya de principios de siglo es una obra de especial importancia. Se trata del primer estudio dedicado exclusivamente a la traducción de la escritura jeroglÃfica a los caracteres latinos. Este estudio fue realizado por Manuel Treviño y Villa, con el tÃtulo de “La escritura egipcia y su trascripción castellana en caracteres neo – latinos”, siendo publicada en Madrid en el año 1909.
Prácticamente, hasta la Guerra Civil española, la egiptologÃa en nuestro paÃs sigue siendo teórica. Especialmente durante las tres primeras décadas del siglo XX, algunos humanistas publican numerosas obras sobre el antiguo Egipto, versando sobre los más diversos aspectos. De esta manera, fechados en estos primeros treinta años, podrÃamos citar gran cantidad de trabajos referentes a temas como la medicina, la mitologÃa o religión, o los más estrictamente históricos, elaborados por gran número de investigadores y apasionados españoles por Egipto.
Después del paréntesis que supuso la Guerra Civil en la producción intelectual española, debemos esperar hasta los años 40 para poder volver a ver un interés recuperado en el Egipto faraónicos. Nos estamos refiriendo a los estudios desarrollados por el religioso Benito Celada Abad. Sin embargo, también deberÃamos ciar que su formación en la materia tuvo lugar en el extranjero. Durante años, estudió lengua egipcia y escritura jeroglÃfica en Roma, hasta que consiguió su doctorado en esa misma ciudad en el Instituto Pontificio BÃblico. Nada más obtener su tÃtulo, regresó a España donde se hizo cargo de las clases de Historia y arqueologÃa del Oriente Próximo que se impartÃan en la Universidad Complutense de Madrid desde 1941 a 1945. En el año 1969 entre en el Centro Superior de Investigaciones CientÃficas como profesor de Lengua Egipcia. Sin embargo, una de sus máximas aportaciones al mundo de la egiptologÃa española fue la formación de la primera biblioteca especializada en la materia, que en la actualidad se encuentra en el Centro de San Esteban de Salamanca.
Si hemos de hacer referencia a egiptólogos españoles que hayan desarrollado una labor sobre el terreno, la primera referencia obligada es a Eduardo Toda y Güell. En el año 1884 es enviado por el Gobierno español a AlejandrÃa como Cónsul General. Toda disponÃa de una excelente formación humanÃstica y de un gran amor por la historia. Este hecho le llevó a tomar contacto con Gastón Maspero, egiptólogo que en esos momentos desarrollaba trabajos de limpieza en el templo de Luxor. Éste invitó a Toda a participar en una de estas campañas de limpieza en 1886. Durante la misma, el diplomático español pudo descubrir y excavar una tumba cercana, en el poblado de Deir el Medina. La excavación duró tan sólo tres dÃas, aunque con la enorme fortuna de encontrar los restos intactos. Fruto de esta excavación, fue la recolección de gran cantidad de material que hoy se encuentra repartido por numerosos museos de todo el mundo. Su pasión por el Egipto de los faraones le llevó a publicar en 1886, a su regreso en Madrid, una revista con el nombre de “Estudios egiptológicos”, que se caracterizó más bien por su corta vida.
Desde Toda hasta los años 1960 la egiptologÃa española no tiene más desarrollo sobre el terreno, siendo sobre todo fruto de la investigación documental. Sólo en la fecha apuntada, ante el llamamiento de la UNESCO para proteger los templos de Nubia, los investigadores españoles empiezan a desarrollar una amplia actividad de campo, con numerosas campañas arqueológicas que se han venido sucediendo desde entonces hasta la actualidad.

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