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La mujer: El triunfo del sistema matrilineal

A pesar de la prolífera bibliografía existente al respecto, nos es imposible dejar de hablar de la de la importancia de la mujer en el Antiguo Egipto.

El triunfo del sistema matrilineal hizo disfrutar a la mujer egipcia de unas libertades sin precedentes, todo un triunfo acrecentado en una sociedad en la que el número de féminas se estimaba que comprendía casi la mitad de la población.

La asunción del mundo femenino a aquellos espacios sociales tan privilegiados como eran la religión o la administración mediante distintos cargos, han hecho que esta cultura milenaria enarbole el estandarte de igualdad de la mujer e incluso se llegara a hablar del origen mismo del Feminismo. La controversia también sucumbe alrededor de la figura de la mujer y surgen corrientes de opinión entre los egiptólogos y otros estudiosos que enfrentan esta teoría con el hecho de que, a pesar del constatado privilegiado estatus que la mujer egipcia disfruta en todo el imperio, ésta seguía dependiendo de la posición social de sus padres y esposos en algunos aspectos por lo que no se cree que pueda entonces hablarse de un sistema basado en la absoluta igualdad sin discriminación alguna.

La realidad es que en el Imperio Nuevo la similitud legal entre hombre y mujer era casi absoluta y, aunque fueron pocas, podemos hablar de mujeres faraón (Nefertiti) y de reinas realmente activas en el gobierno de Egipto influyendo bajo la sombra de sus esposos. Hubo mujeres sacerdotisas, médicos, comerciantes o escribas, entre otras profesiones pero fundamentalmente fueron madres, esposas y compañeras.

Desde el momento de su nacimiento, la figura del niño y de la niña estaban en asombrosa armonía compartiendo juegos y demás actividades pero es a partir del cuarto año de vida cuando comienzan a vislumbrarse las mencionadas diferencias. Es en el momento de acceder a la educación cuando, mientras que los niños no tenían ningún problema, únicamente algunas niñas de clase alta podían disfrutar de la misma. Una vez adultas, este tipo de desigualdades las seguimos observando pero en aspectos concretos que iremos desarrollando.

La mujer en el ámbito doméstico adoptaba el rol de señora de la casa, abarcando las labores del hogar y el cuidado de los hijos (a quienes se dedicaban en cuerpo y alma). Y aunque algunas trabajaban también fuera de casa, este trabajo estaba habitualmente ligado al hogar y a sus necesidades. Algunos de esos oficios fueron la agricultura, la molienda del grano, la panadería, la hilatura, la agricultura, el textil, el comercio de excedentes domésticos, la música y la danza y el servicio doméstico.

No han llegado hasta nuestros días muchos contratos matrimoniales por lo que más que confirmar suponemos la existencia del matrimonio; lo que si nos atrevemos a afirmar que existía la figura de la esposa. El propósito del matrimonio era fundamentalmente tener hijos que perpetuasen la familia. El historiador Diodoro hablaba en sus crónicas de la existencia de un acuerdo para contraer matrimonio en el que a la esposa se le respetaban todos los derechos y, en el caso de que el matrimonio fracasara, existía una fórmula para la disolución del mismo. La mujer divorciada debía hacerse una provisión de fondos igualmente que la esposa que deseara divorciarse de su marido también tenía que pagar en compensación.

Varios documentos nos indican que el concepto de unidad familiar para los egipcios consistía en la figura del cabeza de familia, su esposa e hijos y otras parientes femeninas como la madre, la abuela, hermanas o tías. Los parientes masculinos no aparecen ya que estos se establecían en sus propias viviendas. La sexualidad de la mujer regía con absoluta normalidad ya que el casamiento se hacía por amor y era ella la que podía expresar abiertamente sus sentimientos como testimonian los poemas amorosos conservados. Hablamos de plenitud en el amor y también debemos hacerlo con respecto a la sexualidad, un ejemplo claro es el uso de sistemas anticonceptivos. Quizás la diferencia a destacar la encontramos en el tratamiento que se hace del adulterio masculino con respecto al femenino; el primero no se consideraba tal cuando no ofendía ni causaba problemas a otro hombre. En el caso femenino, no se tenía en cuenta las consecuencias para la mujer pero sí las del marido. Así pues, por ejemplo, la fertilidad era de máxima importancia y la esterilidad causa de divorcio.

No son muchos los documentos que nos hablen de la situación legal de la mujer en el Antiguo Egipto pero sí situaciones que nos demuestran que la ley contemplaba a la mujer y sus derechos. La representación se basaba en la igualdad ya que se les permitía, entre otros ejemplos, presentarse en corte sin acompañante (ya fuese como testigo o demandante); poseer su propia casa o tierra (aunque en las listas de viviendas únicamente aparezcan nombres masculinos); el derecho a la herencia de sus padres de igual manera que sus hermanos; llegaban a controlar un tercio de la propiedad que poseyera en común con su esposo y realizar tratados comerciales.

El mundo femenino también tenía representación en la religión del imperio ya que podían tener una posición en el templo como sacerdotisas. Las mujeres pudieron ocupar posiciones muy elevadas en la jerarquía sacerdotal. Durante el Imperio Antiguo y comienzo del Imperio Medio la mujer de la élite se convirtieron en sacerdotisas de la diosa Hathor (Diosa de la familia, fertilidad, nacimiento y crianza). Ya en el período del Imperio Nuevo todos los sacerdotes pertenecían a un grupo privilegiado de hombres con la excepción de mujeres reales que ocuparon la posición de la “Esposa del Dios Amún” en la ciudad de Tebas.

Pero la igualdad llegaría a varaderos tan desafortunados como es el de la esclavitud, hombres y mujeres sucumbirían a la esclavitud. Con respecto a las mujeres, éstas entregadas a los reyes como moneda de cambio en los tratados políticos con los países vasallos de Egipto. Algunas llegarían a ser concubinas del faraón y otras las emplearían en los quehaceres domésticos de los múltiples palacios que el rey poseía a lo largo de Egipto.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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