Siempre hemos estudiado, como algo caracterÃstico del Antiguo Egipto, la construcción de las pirámides como obra de la esclavitud empleada aunque verdaderamente fuesen tareas de personas libres con contratos que les obligaba a prestar servicios al Estado durante los meses de crecida del Nilo.
Y es que, al parecer, este pueblo no era un estado esclavista ya que se ha podido constatar el hecho de que no tenÃa ningún mercado de esclavos y su compraventa nunca estuvo organizada desde el poder, en una época en que sus pueblos coetáneos hacÃan alarde de su imparable comercio de esclavos. La Biblia, como fuente histórica, aporta información significativa sobre la esclavitud en Egipto con el caso de José por lo que ha llevado a que, en la actualidad, nos encontramos con la animada controversia de si existió verdaderamente o no la figura del esclavo. El debate que ha generado esta incógnita nos ha proporcionado la posibilidad de definir un poco más la figura del esclavo.
Esta interesante discusión nos lleva, en primer lugar, al análisis y la comprensión de dicho término entendido como “aquella persona que carece de libertad por estar bajo el dominio de otra persona”. En un principio siervo y esclavo casi no se distingue pero será la evolución social paralela al transcurso del tiempo la que asà lo haga colocando en el estrato social al siervo entre el hombre libre y el esclavo. Los siervos tenÃan derechos legales y percibÃan salario (ellos serÃan los artÃfices de las pirámides), en cambio los esclavos carecÃan de derechos y tenÃan a su cargo las labores más pesadas.
La observación y el estudio de los relieves y de la información extraÃda de la arqueologÃa egipcia nos han concedido datos reveladores sobre la esclavitud que indican la existencia de esclavos en el perÃodo predinástico. Un periodo en el que, siempre fiel al concepto de servir hasta después de la muerte, éstos sufrÃan el terrorÃfico destino de sus faraones fallecidos al ser enterrados en las pirámides, aún vivos. Por la escasez de los mismos, un esclavo era más valioso que un campesino y su práctica irÃa desapareciendo gradualmente sustituyendo los cuerpos vivos por estatuas que les servirÃan igualmente en el otro mundo.
La sociedad del Imperio Antiguo era bastante simple y estaba dividida entre la clase dirigente y el resto del pueblo sometidos a un estado servil. En el reino antiguo todos son siervos del faraón y el desempeño de la CORVEA no era más que el trabajo obligatorio o el deber social de la población para engrandecer al Estado. Paralelo a este servicio para con las divinidades, se fortalece la figura del esclavo al reclutar a un gran número de extranjeros procedentes de las capturas de guerra o de egipcios que, una vez condenados por el dictamen de un tribunal, no son ejecutados, ni mutilados o molidos a palos sino sometidos a la esclavitud; por lo que aún no podemos hablar de un grupo social como tal.
En un principio los esclavos eran preferentemente hombres pero poco a poco irÃa aumentando el porcentaje de mujeres y niños. La esclavitud era un estado privativo sólo para los dioses por eso todos los esclavos pertenecÃan al faraón. El hombre no estaba autorizado a tener esclavos y en raras ocasiones el faraón podÃa otorgar, a modo de regalo, esclavos que pasarÃan a nobles o a miembros del alto clero. Durante el Imperio Medio, la sociedad empieza a sufrir una polarización diferenciándose nobleza, sacerdocio y pueblo, dejando en la parte más baja de la pirámide social a los esclavos que cada vez son más exóticos por su procedencia asiática y semita.
Las distintas funciones asumidas por estos cautivos podÃan hacerles desempeñar desde labores domésticas al servicio de estos nobles o sacerdotes, hasta trabajos de tipo agrÃcola. Pero realmente fue el arte de la guerra el que creó un flujo de esclavitud hacia Egipto derivándolos a puestos especÃficos en el ejército, no como mercenarios, y recibiendo también por sus servicios donaciones de tierras para su explotación agrÃcola. El motivo de este creciente número de esclavos o prisioneros de guerra que se estaba produciendo se debÃa al fuerte empuje que se le estaba dando a la guerra tras las diferencias con los hicsos. No es hasta el Imperio Nuevo cuando podemos confirmar la existencia de una auténtica diferenciación entre el hombre libre y el esclavo amparado en el valor jurÃdico de cada clase social. La posición y las funciones del esclavo también iban sufriendo modificaciones; se habÃan convertido en moneda de pago en el desembolso de tributos de guerra, podÃan ser incluidos en una herencia, participaban en la eficacia de la defensa de la Marina egipcia empleados en los remos de las barcas o como lÃderes de campañas como oficiales del ejército, hecho asombroso pero constatado a partir del elevado número de hombres con nombres asiáticos en tales puestos de importancia.
Otras funciones asumidas por los esclavos era la de sirvientes personales de individuos: unos pertenecÃan al estado desempeñando labores en templos, donde se convertÃan en inquilinos del Estado que se movÃan a sus anchas, o en casas de nobles adscritos a servicios domésticos. Estos últimos eran los más afortunados ya que disfrutaban tanto de alojamiento como de comida y su dueño estaba obligado a suministrarles una cantidad de telas, aceites y vestidos. Para servir en las mejores familias incluso habÃa voluntarios llegando a sus puertas arruinadas que se vendÃan a sà mismas por una mejora en su posición. Una esclavitud que serÃa abolida al final del Antiguo Egipto.
La cara oscura de la moneda englobaba a otros esclavos que acababan en las minas de cobre y oro de Nubia y el SinaÃ, lugares donde el clima y el trabajo producÃan gran mortandad. Aunque se han constatado huidas de esclavos debido a los severos castigos no era algo cotidiano. En comparación con los esclavos hechos en otros imperios los malos tratos no eran frecuentes, y cuando ocurrÃan, el esclavo tenÃa derecho a reclamar ante los tribunales, aunque únicamente si el castigo habÃa sido injusto.
En general, el prisionero y esclavo no tenÃa una vida tan mala como actualmente nos podemos imaginar; por supuesto que sà existÃa un rechazo a la condición de esclavo pero el trato hacia los mismos irÃa en consonancia con su nivel de aportación a la sociedad. La ansiada libertad tampoco era tan difÃcil de obtener. Las formas más usuales eran la adopción del señor o a través de la manutención como forma de pago del esclavo a su señor. A pesar de ello, muchos insistÃan en no deshacerse de su condición. A pesar de todo lo visto el número de esclavos nunca llegó a ser realmente significativo.

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Quizás nos ha llegado una imagen distorsionada de los esclavos en el antiguo Egipto y parte de la culpa de esta distorsión la tiene el cine que nos ha mostrado siempre una imagen del esclavo muy tÃpica.
Creemos que sabemos mucho sobre Egipto pero concretamente la relación de Egipto con los esclavos la tenemos totalmente distorsionada. Suerte de reportajes como este que nos cuentan la historia tal y como fue.