Las grandes sociedades complejas surgidas como resultas de los avances técnicos fruto de la revolución neolÃtica en todo el Oriente Próximo, han concebido el mundo espiritual con gran cantidad de paralelismos sorprendentes.
En este caso, a la hora de referirnos a los mitos trazados sobre la creación del mundo, estas semejanzas son más que evidentes.
Las leyendas pensadas por los egipcios encuentran su similitud con muchas de las generadas en Mesopotamia. E incluso, la propia Historia bÃblica puede resultar en algunos puntos coincidentes.
Otra de las caracterÃsticas de estos mitos es su enorme variedad y cantidad. Hay que recordar el profundo politeÃsmo de los antiguos egipcios. Cada provincia o nomo podÃa disponer de su propio dios tutelar asà como de todo un séquito de divinidades secundarias. Sólo con el poder unificado en manos del faraón, un dios podÃa encabezar las lista de seres divinos y semidivinos. Posteriormente, la aceptación por parte del poder polÃtico de una determinada divinidad suprema implicaba la aceptación de la misma por todos los elementos sociales del paÃs.
Esta variedad ha sido la que ha provocado que entre los antiguos egipcios, según determinados momentos y afiliaciones religiosas, se puedan distinguir hasta cuatro grandes dioses creadores.
El fundamental es Amón – Ra. Para conocer su papel creador es fundamental tratar la existencia de la Ogdoada. Estaba compuesta por cuatro parejas de seres divinos que representaban las fuerzas que habitaban el caos primigenio, como podÃan ser los dioses de las aguas primordiales o los de la oscuridad. Suelen aparecer representados como serpientes o ranas, animales que habitan el limo primero. Todos ellos se unieron para formar el huevo cósmico. Según uno de los mitos, Amón – Ra, representante de la fuerza oculta que crea a los dioses, en forma de serpiente fertilizó el huevo del que surgirÃa la vida. Amón era adorado como dios de la fertilidad en la ciudad de Tebas. Durante el II milenio a. de C. se convirtió en dios nacional de Egipto fusionando su nombre con el de la deidad suprema Ra.
La segunda gran divinidad creadora era Atón, adorada en Heliópolis. Representaba, en su unión con Ra, el sol de la tarde que se sumergÃa en la noche. También surge del caos primitivo con la forma de serpiente, aunque se suele representar como ser humano. Según uno de los mitos, ante su soledad, decidió producir semen a partir del que surgió la primera pareja divina. Por eso, Atón suele representar, al igual que otras divinidades, la unión de los elementos masculino y femenino.
Existen otros creadores divinos, aunque de carácter más secundario. En la isla de Elefantina era adorado Khnum, al que se solÃan referir como “padre de padres y madre de madres”. Su papel en la creación le viene otorgado por ser el dios responsable de controlar las crecidas de El Nilo, encarnando el poder vital de cada inundación anual. Según sus adoradores, era el encargado de modelar con barro las figuras de dioses y hombres a los que luego insuflaba la vida. Por su parte, en Menfis se centraba el culto a Ptah, que daba forma a los hombres y divinidades con metales preciosos. Según cuenta su mito, creó al resto de dioses pensando en ellos y diciendo su nombre en voz alta.
En otros casos, la primera divinidad era capaz de crear hombres y dioses a su imagen y semejanza, a la vez que la tierra que deberán poblar. En este caso, los dioses tienen su origen en el sudor de la divinidad mientras que los hombres surgirÃan a partir de sus lagrimas.
Pero por encima de todos estos mitos, existió una tradición que sin duda llegó a tener gran aceptación en todo Egipto, siendo la que en la actualidad más se conoce sobre los orÃgenes de la vida según la mitologÃa egipcia. En el principio de los tiempos, el mundo se encontraba sumergido en el Nun. Era el caos primigenio, acuoso, sumido en la más absoluta oscuridad. Dentro de sus energÃas caóticas se encontraban encerradas todas las formas potenciales de los seres vivos que deberÃan poblar la tierra.
En este agua primigenia residÃa la fuerza espiritual del creador. Sin embargo, no existÃa la más mÃnima porción de tierra sobre la que pudiese sustentarse toda la actividad creadora. De esta forma, surgió en el caos acuoso el primer montÃculo de tierra. La deidad creadora podÃa ya tomar un punto de apoyo firme sobre el que sostenerse y asà poder cobrar vida. Las versiones en estos primeros momentos varÃan. Según algunas fuentes, esta fuerza creadora toma la forma de un ave que se posó sobre el montÃculo primero. Otros mitos hablan de una flor de loto que surgió de la nada. Cuando floreció, contenÃa en su interior a un dios niño.
La primera divinidad, en sà misma, contiene todas las potencias divinas. Entre ellas podemos citar Hu, la palabra autorizada, o Sia, la percepción, o Heka, la magia. Estas eran las cualidades fundamentales para que pudiese llevar a cabo su particular Génesis. De esta manera, y mediante estas potencias, el dios primero fue capaz de transformar el caos en orden, simbolizado a través del Maat. El Maat ante todo era un concepto que reflejaba efectivamente ese orden, entendido como el justo equilibrio necesario para el buen desarrollo de los acontecimientos. Como otros conceptos, sufrió un proceso de divinización hasta que se encarnó como hija del dios sol. Pero el peligro amenaza con volver al caos primigenio, un peligro representado por una gran serpiente, denominada según las ocasiones como Apep o Apofis.

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El artÃculo me ha ayudado mucho para la recuperación de ética, ademas he descubierto que es intrigante todo lo relacionado con los mitos, estoy deseando conocer más historias.
Muy interesante la información sobre los mitos de la creación y los orÃgenes del mundo.