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Situación social del campesinado: El pilar de Egipto

Egipto hubiese sido totalmente distinto sin los campesinos. Formando una casta social prácticamente impermeable, su trabajo en los campos suponía el pilar central sobre el que se sustentaba la economía egipcia y, por lo tanto, todos los demás elementos sociales, e incluso, culturales del país.

Sin embargo, su situación no era, ni mucho menos, ventajosa. Sometidos a fuertes cargas para con el Estado, la vida de un campesino implicaba una especial dureza, siempre envuelto en labores, variadas, con el objetivo de sustentar los elementos superiores de la sociedad.

Es prácticamente imposible conocer con exactitud las cifras demográficas de la población campesina en Egipto. Tan sólo se puede afirmar, atendiendo a fuentes de carácter secundario, que la mayoría de la población egipcia sería campesina, con una fuerte adscripción a la tierra. De esta forma, el campesino egipcio, el fellah, casi constituye el elemento típico de la población. Incluso en momentos posteriores a la época faraónica.

 

Y este hecho en cierto modo refleja el inmovilismo social que sufrieron las clases bajas en el antiguo Egipto. Según parecen apuntar algunas fuentes, durante el Imperio Antiguo los campesinos eran considerados como servos. Sin embargo, tenemos que hacer algunas matizaciones, ya que no podemos establecer paralelismos entre la servidumbre existente en Egipto durante su Historia antigua y la servidumbre feudal que se ha desarrollado en la Europa feudal. De esta manera, los siervos egipcios tendrían un carácter especial. No en vano, en momentos posteriores al llamado Primer Periodo Intermedio, los labriegos eran reconocidos en todos los ámbitos de la sociedad egipcia como hombres libres, aunque en la práctica la situación social no debía ser mejor que la de servidumbre.

Un hecho destacable es como la abundante masa campesina egipcia registró tan pocos levantamientos y revueltas contra las clases superiores. Sí es cierto que motines puntuales existieron, pero fueron extremadamente escasos. Para entender esta situación, hay que comprender la mentalidad del campesino egipcio. La religión es el principal elemento ideológico que envuelve cualquier acto, por cotidiano que sea, de la vida del hombre egipcio en la Antigüedad. Gracias a este soporte religioso, los campesinos comprendían que el papel que les había tocado desempeñar en el mundo y en su vida era la de ser trabajadores al servicio de un determinado señor, ya sea el faraón o el templo, y, como consecuencia lógica, llevar un nivel de vida excesivamente bajo. De esta forma, el campesino asumía con naturalidad su estatus en la escala social, proporcionando a las clases dirigentes una abundante mano de obra caracterizada por su inmensa docilidad. A este factor, habría que sumar la inmovilidad de las castas egipcias.

El campesinado formaba un sector dentro de la sociedad que permanecía cerrado frente a otros estamentos, y que, a su vez, se autoalimentaba. En numerosas ocasiones, incluso los poderes facilitaban esta cerrazón social ya que era necesario mantener un número de trabajadores suficientes no sólo para las tareas agrícolas, sino para otras según la demanda de cada momento.

No es muy fácil adivinar cuál era el estado real de los campesinos. Las interpretaciones pueden variar según acudamos a unas fuentes o a otras. Si, por ejemplo, nos fijásemos en las decoraciones de las tumbas, podríamos pensar en un modo de vida alegre. Los trabajadores participan gustosamente en las actividades que se les encomienda, todos en comunidad. Después de finalizadas las tareas, todos podrían disfrutar de la cerveza compartida con los compañeros de fatiga. Sin embargo, en una obra literaria conocida como “Sátira de los oficios”, atribuida cronológicamente al Imperio Medio, nos muestra a los campesinos sometidos a fuertes cargas fiscales, sufriendo los frecuentes abusos de los funcionarios, e incluso, los malos tratos físicos. Las ordenes dictadas por algunos faraones contra estos desmanes de sus funcionarios a la hora de cumplir su deber puede indicarnos que esta última descripción es la que más se acerca a la realidad.

Normalmente, tomando como modelo el Egipto de época griega, se ha pensado que las tierras del país, absolutamente todas, pertenecían al faraón. Hoy se sabe que existiría una pequeña propiedad privada. Normalmente, el campesino trabajaba las tierras del faraón o, en su caso, la de los templos. Es muy raro que poseyeran alguna tierra, por pequeña que fuese. En estos grandes latifundios, reales o del clero, el campesino dispondría de una pequeña vivienda, más bien pobre, levantada con materiales de mala calidad, e incluso, de un pequeño huerto para cultivar productos para el consumo familiar. En este caso, su trabajo estaría vigilado por un intendente. La situación entre este campesino que presta su trabajo a cambio de una compensación económica en especie y el libre que trabaja sus propias tierras no debía ser muy grande. Por lo tanto, debían disponer, en la práctica, del mismo poder adquisitivo, casi nulo.

El desarrollo del trabajo del campesino se encuentra totalmente condicionado por el sistema de inundaciones de El Nilo. Después de la crecida del río, los campos ya podían ser sembrados, un trabajo más o menos duro dependiendo de las condiciones de humedad de la tierra. Posteriormente, habría que esperar cinco o seis meses para que se iniciase la temporada de siega y posterior preparación de la tierra para la próxima inundación. Sin embargo, aunque parezca que el trabajo se restringe a épocas muy limitadas en determinados momentos del año, los campesinos tenían más obligaciones. Cuando no desarrollaban trabajos agrícolas, los campesinos tenían que prestar sus servicios en la construcción y mantenimiento del sistema de canales y diques del río. Incluso, podían ser reclamados para formar parte de la mano de obra de las grandes construcciones de la realeza.

Egipto no hubiese sido nada sin los campesinos. Sin embargo, su baja posición en la escala social ha hecho de ellos los grandes olvidados. En definitiva, el campesinado constituyó la base sobre la que se desarrolló la civilización egipcia.








...por Luis Pérez Armiño ...por Luis Pérez Armiño


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