Spanish flagItalian flagPortuguese flagEnglish flagGerman flagFrench flagJapanese flagDutch flag

Tiempo estimado de lectura 4:05 min. rellotge
Tell el Amarna: Capital del faraón Akhenatón

Cuando Amenofis IV llegó al trono, Egipto se encontraba en la cumbre de su poder. Ya no se trataba de una monarquía patriarcal casi replegada sobre sí misma, sino que ahora el país y el reino, uno de los más vastos que jamás hubieran visto los soberanos de la época de las pirámides, estaba abierta al mundo exterior.

Así, comercia con Mesopotamia, Chipre y Creta y sus navíos llegaban hasta el lejano Punt (tal vez las costas de Somalia) en busca de marfil y ébano.

El ejército también había evolucionado. Así, el caballo había sido introducido en el valle de El Nilo hacia el siglo XVII a. C. y la guerra es apoyada por carros, que podían trasladar mayor número de hombres y armamento. Así, la dominación egipcia había sometido a los príncipes sirios y palestinos y los ejércitos del faraón habían llegado al Eufrates.

Por todo el país se inician obras y se multiplican de esta manera las construcciones, haciendo de la capital del reino, Tebas, una ciudad fabulosa. El dios de la ciudad y de la Dinastía, Amón, está asociado con el sol, Ra, y se convierte en el dios del imperio y se le consagra el templo de Karnak, que fue una de las más vastas construcciones religiosas de la historia. El clero de Amón, en el tiempo de Amenofis IV, había tomado una importancia tan grande que empezaba a preocupar al soberano.

Tal vez como reacción a este nuevo poder que se conformaba como un estado dentro del Estado y que tenía su centro en el templo del dios en Tebas empezó en aquel tiempo a surgir un movimiento que pretendía volver a las antiguas formas de culto: el dios Ra de Heliópolis, la antigua metrópoli sagrada, vuelve a gozar de favor y empieza a verse grabado el nombre de Atón por multitud de lugares, siendo al principio sólo otra forma de Ra.

Cuando sube al poder Amenofis IV estalla la verdadera revolución. Se cambia el nombre por el de Akhenatón (”El que complace a Atón). Cierra los templos de Amón y hace borrar de las piedras de todo el país el nombre del dios execrado. El cambio afectó también a la estética: Akhenatón alienta a los artistas a que se deshagan de los convencionalismos anteriores y a que representen la nueva visión del mundo de una manera diferente.

El sueño de Akhenatón se manifestó sobre todo en su nueva capital, Amarna. Tebas estaba demasiado llena de la presencia de Amón y decidió trasladarse a otro lugar, virgen de las nuevas creencias. El rey eligió un emplazamiento en la orilla derecha de El Nilo, casi a la misma distancia de Tebas que de Menfis .Se trataba de un vasto circo de 12 kilómetros de longitud por cinco de altura, limitado al este por un farallón cuyos extremos norte y sur llegaban casi hasta el río. El rey abandonó Tebas aproximadamente en el sexto año de su reinado con su esposa, Nefertiti, que apoyó al rey e, incluso como se nos muestra en muchas de las obras de la época, tenía el mismo peso en las decisiones que él, con su familia y sus partidarios.

Los arquitectos de Amarna, que construían sobre un enorme solar sin el menor impedimento, planearon de una manera notable el barrio oficial (en el centro) de la ciudad, cuya reconstrucción hace pensar en el urbanismo de nuestros días. Las dos construcciones más modernas eran el palacio oficial y el gran templo de Atón, del que se edificó primero un santuario situado al este. La vía real daba acceso a los principales edificios, mientras que un puente unía el palacio y la residencia privada. Importantes almacenes se extendían al sur del gran templo y del templo real. Al este de la residencia del rey se encontraba el edificio de los archivos, en el que se han encontrado tablillas grabadas, conocidas como “Cartas de El Amarna”. Eran misivas enviadas al faraón por sus vasallos de Asia.

Fuera de la ciudad, al este, cerca de los acantilados, estaba el pueblo de los obreros de la necrópolis, pues fue allí donde se excavaron las tumbas de Amarna. El pueblo tenía una planta muy regular: cinco callejuelas separaban hileras de casas construidas en medianería, todas iguales, a excepción de la del jefe de los obreros, algo mayor. La pequeña comunidad de trabajadores vivía totalmente apartada del resto de la ciudad. En Amarna, también conocida como Akhetaton, no faltaba sitio para construir y los barrios residenciales se extendían muy al sur y al norte de la ciudad oficial. Así, la casa de Nakht visir o jefe de la administración, se encontraba a kilómetros de la casa real y por la ciudad se circulaba en carro.

Lo cierto es que la hermosa Ciudad del Sol no duró más de quince años, mientras vivió Akhenatón. Poco después de su muerte, el joven Tutankhatón (posteriormente el famoso Tutankhamón), se casó con la hija de Akhenatón, subió al poder y volvió a la religión de sus antepasados y terminó su reinado en Tebas.

Siguieron años revueltos en los que Amarna fue totalmente abandonada y destruida, para destruir con ella el recuerdo de la herejía de Akhenatón. Pero por una extraña ironía, la ciudad odiada es la única de la que se puede forjar hoy una idea clara. Mientras que en las demás ciudades egipcias se construía sobre antiguas edificaciones. En Amarna, construida donde no llegasen inundaciones y sin más moradores desde aquel momento, se han conservado tanto la mayor parte de sus edificios como de las muestras del arte revolucionario que intentaron llevar a cabo Akhenatón y su reina, Nefertiti.

1 Estrella2 Estrellas3 Estrellas4 Estrellas5 Estrellas (2 votos, promedio: 5 de 5)
Cargando ... Cargando ...



...por Luis Pérez Armiño ...por Luis Pérez Armiño


Enlaces Patrocinados:



Otros Reportajes:

Otros Reportajes Arte amarniano: La escultura »
Otros Reportajes Los templos: ¿Cuál era la economía de los templos? »






Publicidad


Publicidad




PortalMundos Factory, S.L. | 2000 - 2008 | Hosting Profesional por isyourhost.com isyourhost.com